Unión Proletaria

¡Por la lucha obrera, por la Huelga General, por el Partido Comunista!

Sábado 5 de febrero de 2011


¡Por la lucha obrera, por la Huelga General, por el Partido Comunista!

Los recortes a empleados públicos y pensionistas y la reforma laboral no han sido suficientes para los mercados financieros (Banco de Santander, BBVA, Endesa, Iberdrola, Telefónica, Repsol, etc.) y, ahora, para calmarlos, el gobierno se apresta a elevar a 67 años la edad obligatoria para la jubilación y a aumentar el tiempo durante el cual hay que estar trabajando y cotizando a la Seguridad Social para tener derecho a la totalidad de la pensión. Así, habrá un ahorro de entre un 25 y un 30% a costa de los trabajadores que el gran capital aprovechará para incrementar sus ganancias. Pero las medidas encaminadas a aumentar la explotación capitalista van a ir más lejos. Ante esta realidad actual y estas perspectivas futuras, ¿qué hacemos?

Los dirigentes de CCOO y UGT convocaron una huelga general el pasado 29 de septiembre y parecían dispuestos a defender los derechos de los trabajadores a través de la movilización de éstos. Sin embargo, la convocaron tarde y a regañadientes porque seguían confiando en la negociación con la patronal y el gobierno cuando éste ya había lanzado el ultimátum de legislar si no había acuerdo. Ahora, renuncian a convocar una nueva huelga general porque les parece suficiente con la del 29S y porque estiman que la debilidad del gobierno ante las próximas elecciones municipales y autonómicas hace posible conseguir un gran pacto, otro como el de la Moncloa de 1977 (recordemos que se incumplió en todo lo que podía beneficiar a los trabajadores), que abarque todas las materias: pensiones, negociación colectiva, reforma laboral, etc. Incluso estarían dispuestos a hacer concesiones a cambio de esta exhibición de unidad ante los mercados financieros internacionales. En definitiva, están dispuestos a que perdamos parte de nuestros derechos en lugar de movilizar a las masas trabajadoras para evitarlo, y todo para dar satisfacción a la Gran Banca y Patronal, que sigue enriqueciéndose a pesar de la gran recesión que ha provocado. Esta actuación está desmoralizando a los miles de militantes sindicales que hicieron efectiva la Huelga General del 29S y que ven ahora cómo sus dirigentes se rinden por miedo a la lucha de clases.

Los obreros no queremos ni tenemos por qué mendigar nada. Somos los que, con nuestro esfuerzo, creamos todas las riquezas de la sociedad que los capitalistas acaparan cada vez más. Si paramos, si hacemos huelga, si entorpecemos el mecanismo económico, los capitalistas saldrán perjudicados y tendrán que ceder. Y si su hambre de ganancias destruye la producción, el empleo y nuestras condiciones de vida, si ya no son capaces de gobernar la sociedad como se pone hoy de manifiesto, tendremos que arrebatarles lo que han usurpado y ponerlo nosotros mismos en funcionamiento. Para eso, tenemos que desarrollar una nueva forma de pensar y de vivir por medio de la lucha y de la huelga. Necesitamos ejercer el músculo y el cerebro. Están hipotecando nuestro futuro aquellos sindicalistas que defienden ante todo la viabilidad del capitalismo y, sólo en el marco de este régimen, tratan de minimizar los perjuicios para los trabajadores; aquellos sindicalistas que negocian en secreto con nuestros explotadores, evitando al máximo nuestra participación y nuestra movilización.

Nuestra respuesta a las direcciones sindicales

Desde la base del movimiento obrero, desde cada sección sindical y comité de empresa, todos los sindicalistas con conciencia de clase debemos hacer llegar a las cúpulas sindicales que no estamos dispuestos a rendirnos y que les exigimos continuar la lucha convocando una nueva huelga general. Si no lo hacemos, los máximos dirigentes sindicales sólo sentirán la presión del gobierno, de los partidos burgueses y de la patronal y acabarán cediendo ante ella.

¿Por qué, en España, no existe esta presión desde la base, como sí la hay en Grecia o en Francia? En Grecia, el sindicalismo de lucha de clases está organizado en el PAME que agrupa a federaciones y uniones locales enteras de los sindicatos, gracias a la labor revolucionaria continuada del Partido Comunista (KKE). En Francia, aunque no exista esta labor revolucionaria desde que el PCF se hiciera reformista, queda en pie una gran tradición de lucha de masas, obrera y popular, que, aquí, fue destruida por 40 años de opresión fascista, rematados por la claudicación del PCE y el reflujo de la revolución proletaria a escala internacional.

La mayoría de los comunistas de España coincidimos en este diagnóstico, pero todavía no en la manera de construir un movimiento obrero para la lucha de clases, aunque la experiencia nos va acercando. La forma básica o primaria de organización de la clase obrera son los sindicatos. Éstos, además de defender los intereses inmediatos de los trabajadores en cada empresa y sector, se van federando entre sí y construyendo una línea sindical general y una disciplina organizativa en torno a ella. Así, por ejemplo, tenemos a CCOO donde la dirección general es conciliadora con los capitalistas, pero donde existen, a la vez, secciones sindicales muy reivindicativas y combativas. Algunos comunistas y sindicalistas de clase consideran inútil y perjudicial la militancia en CCOO, mientras que otros la mantienen considerando que se debe pelear por revolucionar desde dentro al sindicato que alcanza a más masas obreras. Ésta es una polémica propia de los países latinos donde los comunistas nos habíamos acostumbrado a tener la dirección de alguna de las grandes confederaciones sindicales y, luego, la hemos perdido. En los países del norte de Europa, los revolucionarios siempre han sido oposición en los sindicatos socialdemócratas o demócrata-cristianos y no se plantean la ruptura con ellos para formar organizaciones sindicales más combativas. La experiencia de todos los años de lucha contra el pacto social, nos enseña que ni unos ni otros hemos conseguido avanzar sustancialmente en el desarrollo de un movimiento sindical de clase, el cual sigue siendo muy pequeño.

Desde hace algún tiempo, en parte gracias a la influencia del PAME griego, se comprende la necesidad de buscar fórmulas de unidad de las masas obreras más combativas, cualquiera que sea su afiliación sindical. Unión Proletaria apoya estos esfuerzos por construir organización sindical desde la unidad y no desde el antagonismo y la competencia de siglas. Lo conseguiremos si realizamos una labor larga y paciente en los sindicatos existentes, no sólo por nuestros objetivos políticos, sino también para acreditarnos como buenos defensores de los intereses inmediatos de los trabajadores a los ojos de las bases sindicales.

Una de las mayores dificultades para cambiar la mentalidad y la práctica sindical es la falta de un empuje espontáneo, desde abajo. Por eso, mientras éste no se produzca, estamos condenados a actuar como minoría revolucionaria en los sindicatos más grandes y como minoría anti-sectaria en los pequeños sindicatos más combativos que disputan la hegemonía a los grandes sindicatos. En realidad, no podremos organizar el sindicalismo de clase si previamente no existe un verdadero movimiento sindical clasista con carácter de masas. Lo que puede ocurrir es que, involuntariamente, fomentemos la confusión del papel del sindicato con el del partido de vanguardia y entorpezcamos el desarrollo de uno y otro: dificultaremos el crecimiento del sindicato si exigimos que sea revolucionario, cuando las masas a las que debe agrupar todavía no lo son; y, a la inversa, rebajaremos la calidad política de nuestro trabajo de masas al canalizarlo sobre todo a través del sindicato y de la lucha económica.

Construir partido comunista es por donde empieza la solución

Ante esto, podemos hacer dos cosas: seguir así, esperando el auge del movimiento espontáneo que deberá producirse por las agresiones de los capitalistas y a pesar del poder hegemónico y coercitivo de éstos; o bien, anticiparnos a este despertar espontáneo con la iniciativa que ha caracterizado a los marxistas-leninistas a lo largo de la historia. Esta segunda opción exige que levantemos la vista del movimiento sindical para organizar la acción directa del partido comunista entre las masas obreras.

Históricamente, la labor del partido marxista precede a la existencia de las uniones sindicales y es la que la ha hecho posible y les ha impreso un carácter de clase. En Rusia, después de años de lucha teórica y de propaganda entre los intelectuales revolucionarios y los obreros más avanzados, Lenin y el conjunto de los círculos marxistas pasaron a una etapa de agitación entre las masas obreras, cuando los sindicatos todavía no habían comenzado a formarse y, además, estaban prohibidos por el régimen zarista. Así es como promovieron la actividad de estas masas obreras, al tiempo que reclutaban de ellas a los elementos más avanzados y se unificaban entre sí aquellos círculos dispersos para construir un gran partido obrero revolucionario.

Los organismos sindicales unitarios, al igual que las diversas coordinadoras democráticas, sucumben habitualmente a la dispersión que provoca la mentalidad pequeñoburguesa dominante en la población trabajadora. Pero pueden crecer y desarrollarse si interviene el papel aglutinador de la clase obrera, como tal clase, es decir, a través de la actividad abnegada y disciplinada de su partido comunista. Por eso, Unión Proletaria, aun reconociendo que la actividad sindical ayuda a la construcción del partido, considera que atribuir la misma importancia a ambas cuestiones, sin priorizar la segunda, lleva a no prestar la suficiente atención a ésta que es, en definitiva, la cuestión de la dirección general del movimiento obrero. El objetivo primordial de los comunistas no debe ser la construcción de un sindicato de clase, sino la construcción del partido, la construcción del vínculo entre la organización comunista y las masas obreras. Éstas incluyen en su seno, por supuesto, a las diversas expresiones organizadas de sindicalismo combativo, pero, también y sobre todo, a millones de asalariados que todavía no han tenido la oportunidad de incorporarse a la lucha de clases porque la agitación de los comunistas aún no ha despertado sus conciencias.

El partido debe buscar la movilización de las masas por objetivos ante todo políticos. Y, para eso, debe llevar sus campañas agitativas a las plazas públicas, a las empresas, a los polígonos industriales, a las universidades, etc., sobre la base de los problemas que preocupan a los trabajadores y con un lenguaje fácilmente comprensible. Claro que, para desarrollar esta labor prioritaria e imprescindible, se precisan dos condiciones vinculadas entre si: el partido comunista tiene que disponer de un número suficiente de militantes para llevar a cabo dicha labor y tiene que avanzar en su unificación a fin de que las masas de nuestra clase comprueben en los hechos que existe una sola organización en la que confiar. Por eso y para eso, urge unir las actuales organizaciones marxistas-leninistas en un solo partido comunista.

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