Unión Proletaria

En el Siglo XXI, ¿quién destruye vida?

8 de Marzo. Igualdad Laboral, Igualdad Cultural, Igualdad Social.

Sábado 6 de marzo de 2010


Siglo XXI, época del imperialismo capitalista, con crisis económicas y grandes desastres, consecuencia de ellas: empeoramiento de las condiciones de la clase obrera y de los trabajadores para sobrevivir, destrucción del medio ambiente, desarrollo de la experimentación científica con fines lucrativos (conste que no estoy en contra de la investigación y avances científicos por el bien social), desarrollo de nuevas armas destructivas (de todo tipo), incumplimiento de acuerdos mundiales sobre el respeto hacia los pueblos como son paliar el hambre, las enfermedades, la salvaguarda de los niños evitando su participación en las guerras, en el trabajo como esclavos, etc.… enriquecimiento de unos pocos a costa de la vida de muchos… El capitalismo, el capitalismo imperialista, está destruyendo la vida.

En el capitalismo las mujeres obreras trabajan para servir a intereses privados tanto en la unidad familiar como en la sociedad (no es indigno que la mujer críe a los hijos que parió y cuide del hogar, lo indigno es la transformación que el capitalismo ha hecho de ello). En la unidad familiar, para servir al interés propio del hombre y en la sociedad, desde que la mujer se incorporo al trabajo, además de aportar mano de obra pariendo hijos y con la suya propia, aportando mayor plusvalía y beneficios al capital siendo inferiores sus condiciones laborales con respecto a las del hombre. Está explotada como obrera fuera del hogar, como mujer consagrándose a los quehaceres domésticos y como madre ocupándose del cuidado de los hijos.

Como consecuencia del desarrollo inevitable de la sociedad y su socialización, resultado de las contradicciones que empujan dicho desarrollo, el hombre es cada vez más participe en las tareas del hogar y crianza de los hijos empujado también por el hecho de ser mano de obra excedente, que sin nada que hacer, dedica tiempo al cuidado familiar, cambiando lentamente el concepto de familia, que no el modelo patriarcal (hoy por hoy, le sale más barato al capitalista contratar , despedir y volver a contratar a una mujer que a un hombre). De hecho, el que la mujer adquiera mayor independencia económica y por ello mayor independencia en la toma de decisiones que la atañen como mujer respecto del hombre bajo el modelo de patriarcado cuya característica es el machismo, está revelando un mayor número de maltratos físicos a la mujer obrera y trabajadora. El maltrato psicológico que permite el sometimiento de la mujer al hombre pasa a ser maltrato físico debido fundamentalmente a la independencia conquistada, al dejar de depender –para la subsistencia- del hombre. Es un derecho que la mujer desee depender de sí misma para su propia subsistencia y desarrollo tanto como ser humano como por ser mujer. Es un derecho pero también un deber social que la mujer pueda decidir sobre su propia condición como mujer.

La lucha contra el maltrato requiere algo más leyes que no esconden más que intereses políticos y que no por ello deben dejarse de implantar. La lucha contra el maltrato hacia la mujer debe incluir a la mujer: es decir, dejen, señores burgueses, de tratarnos como esclavas asalariadas y muestren su respeto hacia nosotras, las mujeres que contratan en sus empresas a cambio de salarios indignos; cuando nos piden mayor rendimiento a cambio de nuestras horas de ocio; cuando nos impiden dar a nuestros hijos con una educación digna, laica y gratuita que permita a nuestras hijos, niños y niñas, niñas y niños, sentirse por igual en inteligencia y sociabilidad; cuando nos impiden tener una vivienda digna donde criarlos; cuando nos hacen sentir dudas sobre nuestra propia dignidad. Las obreras conscientes sabemos que, mientras exista el interés privado, la propiedad privada, la mujer será explotada por el hombre y en la sociedad.

El aborto no es un interés privado que beneficie a la mujer ni de manera económica ni psicológica. No recibe dinero a cambio de no tener un hijo fecundado. Por el contrario, las necesidades que el capitalismo impone a la mujer incluyen la de engendrar hijos que luego entrega a cambio de dinero o, por el contrario, se ve obligada a darlos en adopción permitiendo que sean otros quienes se lucren con la transacción. La lucha a favor del aborto no es algo nuevo. Son muchos los años de lucha por el derecho a la decisión de la mujer obrera y trabajadora de parir un hijo que no lesione su salud como mujer, que nazca en condiciones dignas con todos sus sentidos y sus órganos sanos para defenderse ante la vida, que nazca en condiciones dignas socialmente hablando, con un techo, una crianza, una educación, una salubridad, etc., y, ante todo, nazca bajo el deseo y respeto de quienes han hecho posible su existencia.

La iglesia representada por la Santa Sede nos dice a las mujeres obreras y trabajadoras que, si practicamos el aborto, nos estamos convirtiendo en asesinas, que cometemos un gran pecado al intentar estar por encima del hombre en inteligencia, que debemos saber sobrellevar al hombre y que éste debe saber respetarnos. Nada dice de nuestra dignidad humana, sólo de la dignidad de ser madres esclavas de la unidad familiar patriarcal y machista. Su ahínco por convencernos de no abortar está muy por delante de sus escasos hechos por defender a los niños sí nacidos que trabajan en las minas de África, por ejemplo, sometidos a trabajos de esclavos en países como la India, humillados hasta quitarles la dignidad de personas en América Latina rebuscando entre la basura, o de aquellos niños obligados de una u otra forma a participar en las guerras o las padecen inocentemente, con el mayor sufrimiento que pueda tener una madre al ver como se lo asesinan. Y, por otro lado, otra iglesia, la de toda la prole de la hipocresía burguesa, mujeres y hombres que, en su egoísmo, bajo su posición de clase acomodada, aplauden que las obreras sepan tomar decisiones que les beneficien a ellos, los burgueses. De éstos, ahora, unos tendrán que pensar si quieren ser excomulgados o seguir yendo al extranjero a cumplir sus deseos y otros tendrán que enmascarar su hipocresía y su desvergüenza con las mismas palabras que su santidad, es decir su Papa. A quienes están contra el aborto no les interesa la vida que ya ha nacido y, para cumplir su papel de “buenos seres humanos”, simulan pretender salvar la vida que aún no ha nacido.

Hablamos de la religión católica por ser la más cercana y mayoritaria en España pero no podemos olvidarnos de esas otras religiones que rigen en sociedades con un mayor atraso respecto del sometimiento de la mujer al hombre.

Las mujeres obreras somos conscientes de nuestro importante papel en la sociedad. Un ejemplo de ello es el hecho de que son las mujeres entre los 19 y 30 años quienes más optan por la interrupción del embarazo, algo comprensible dado que se está en plena edad de trabajar y formarse como personas y mujeres miembros de la sociedad y del mundo. Si no, ¿cómo podríamos hablar de mujeres educadoras, cocineras, limpiadoras, envasadoras, trabajadoras del campo, científicas, enfermeras, médicos,… mujeres todas ellas que hacen avanzar el mundo, la sociedad, que permiten y hacen posible la vida de los demás bien de forma directa o indirecta? Pero son las mujeres asalariadas, solteras o casadas, con estudios medios y con ningún hijo o con uno, pero sin haber abortado antes o como mucho una vez, el perfil de las mujeres que interrumpe el embarazo. Por otro lado, está el dato de que, en un 96% de los casos se interrumpe el embarazo por la salud de la mujer. Las mujeres obreras defendemos el derecho a decidir sobre abortar o no. Nadie como nosotras mismas respeta tanto nuestra capacidad de ser madres.

Los obreros sabemos que la vida de un hijo vale más que la nuestra porque los criamos con el mayor de los esfuerzos: vendiendo nuestra fuerza de trabajo. ¿Por qué sólo las mujeres ricas o adineradas, las mujeres burguesas, han de poder tener quien les limpie la casa, les críe a su hijos,…, mientras ellas disfrutan de su tiempo o trabajan en aquello que les satisface sin preocuparse de si disponen o no de dinero para alimentarse, vestirse o pagar la hipoteca? ¿Por qué ellas, en una sociedad que se mueve por las ganancias de unos sobre la pobreza de otros, pueden abortar pagando con el dinero que nos roban a nosotras? Esos derechos corresponden a las mujeres obreras.

Cuando la sociedad se entienda como un colectivo social que crea riqueza para todos y de todos obtiene como resultado de la productividad del colectivo social el alimento, el cuidado de los niños, la educación, la sanidad, la vivienda, el tiempo de ocio,… , significará que la transformación social es posible, que hemos pasado de la propiedad privada a la propiedad colectiva, a la socialización. Y entonces y sólo entonces, el derecho a la vida será un hecho.

Datos tomados de Tablas publicadas por la Dirección General de Salud Pública y Sanidad Exterior sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Están realizadas sobre 1000 mujeres de cada grupo de Edad entre 1998-2007.


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