Unión Proletaria

Unir a la clase obrera contra el capitalismo

Martes 1ro de mayo de 2007


¡¡¡...El capital tiene en horror la ausencia de beneficio. Cuando olfatea un beneficio razonable, el capital se vuelve atrevido. Con un 20% se vuelve entusiasta, con un 50% es temerario, con un 100% pisotea toda las leyes humanas y con 300% no retrocede ante ningún crimen...!!!

Carlos Marx

El incremento de la explotación laboral y de las agresiones a trabajadores, el recorte permanente de derechos y libertades para la clase obrera y el conjunto del pueblo es en España una realidad más dura cada día que pasa. El conflicto de Delphi, en la Bahía de Cádiz, es uno de los últimos casos sangrantes. Pero no es el único: SEAT, Airbus, Bosch, Alcatel-Lucent, Atento, Mercadona… Todos vemos cómo crecen las desigualdades sociales. Unos pocos ricos amasan fortunas astronómicas, mientras la clase social de los trabajadores asalariados crece numéricamente con las masas de pequeños y medianos propietarios arruinados, a la vez que empeoran sus condiciones de existencia (paro, precariedad, sobreexplotación, carestía de la vida...). La sociedad brinda al débil opresión en vez de ayuda y, al rebelde, represión en vez de soluciones. La explotación se redobla: el paro resulta imposible de eliminar, avanza día tras día la pérdida de poder adquisitivo y los salarios apenas crecen miserablemente, mientras aumenta la jornada laboral, la precariedad, la temporalidad y la inseguridad en el empleo se van tornando señas de identidad cada vez mayores de las relaciones laborales (contratos basura a jóvenes, mujeres, inmigrantes, becarios, holgura para las ETT’s…), se abarata el despido (en la práctica, despido libre), se multiplican los expedientes de regulación de empleo (ERE’s), se desatan las deslocalizaciones (dejan en la calle a la gente de aquí para explotar más intensivamente, con salarios de miseria y sin apenas derechos, a los trabajadores de los países oprimidos), se abarata el despido y se potencian las jubilaciones anticipadas (siempre mal pagadas), se reducen las prestaciones por desempleo, crecen escandalosamente los accidentes de trabajo y las enfermedades laborales, que las mutuas encubren contribuyendo a una impunidad empresarial vergonzosa, se multiplican las subcontratas, aumentando la siniestralidad laboral, se imponen modelos de contrato numerosos y en su mayoría perjudiciales para los obreros, se pierden derechos sindicales, y un largo etc.

Con la connivencia oportunista de las direcciones sindicales mayoritarias, se acuerdan leyes y normas que sentencian lo anterior, cargando sobre la clase obrera una mayor carga de explotación, injusticias e indefensión: Reforma Laboral que daña derechos conquistados, Estatuto Básico del Empleado Público que se queda insuficiente y apunta a la flexibilización y pérdida de derechos funcionariales, Acuerdo para la Negociación Colectiva que empeora las condiciones de negociación laborales, Estatuto del Trabajador Autónomo (del “falso autónomo”) que hace a estos trabajadores más dependientes e inseguros laboralmente, Ley de Igualdad que no mejora esencialmente las condiciones del empleo para las mujeres… Por su parte, la Comisión Europea debate un Libro Verde del Trabajo en el que la estrella es la “flexiseguridad”: seguridad para las empresas y flexibilidad para los trabajadores. En el terreno internacional, como muestra el Informe de la CIOSL, la violación de los derechos sindicales va en aumento considerablemente, a la par que las agresiones a los trabajadores y los pueblos.

A esto hay que añadir el recorte y control del derecho de huelga y la criminalización de las luchas. Aumenta la represión contra nuestros sindicalistas: la persecución policial, judicial y política contra los sindicalistas asturianos Morala y Cándido es un claro ejemplo de la deriva reaccionaria que estamos padeciendo, como también hemos visto en el caso del juicio a trabajadores de Iberia, las agresiones a sindicalistas de Mercadona, etc. Y no es menor en la lucha obrera y popular por la defensa de otros derechos: la represión contra las movilizaciones por una vivienda digna o por mejoras educativas o sanitarias a lo largo y ancho de todo el Estado demuestran, así mismo, la tendencia permanente a la reacción de los capitalistas, de los políticos que los sustentan y de todo el sistema social en el que vivimos. Los planes de la oligarquía financiera de alcanzar el máximo de beneficios, chocan frontalmente con los derechos laborales y sociales, con los intereses de los trabajadores e, incluso, con la democracia. Por eso, utiliza toda su maquinaria política, judicial y policial contra cualquier tipo de resistencia por parte de los obreros y demás trabajadores. Para ampliar sus beneficios necesita exprimir más y más a los obreros. Por eso, se recortan año tras año derechos laborales y sociales con el beneplácito de dirigentes de los sindicatos mayoritarios, que se llevan las migajas. Pero para poder llevar a cabo estos planes, y frente a la resistencia de los trabajadores, realizan sus políticos una reacción limitadora y represiva de la libertad de expresión, de huelga y manifestación, restrictiva de la democracia. Le están poniendo un altísimo precio a la protesta reivindicativa, cual si la democracia se estuviese difuminando en el monstruo del capitalismo. Sin embargo, esta represión no es aleatoria, ni mucho menos ciega, tiene unas bases claras: descabezar el movimiento de resistencia obrera frente a los planes especulativos de los capitalistas y frente a la eliminación de derechos de los trabajadores. Vemos la falta de soberanía popular desde un extremo al otro. En primer lugar, se intenta echar a los trabajadores por el afán de beneficios rápidos que permite la especulación urbanística, sin ningún control popular sobre el suelo, el dinero negro o las viviendas vacías. En segundo lugar, se reprime cualquier tipo de movimiento de resistencia sin que la mayoría del pueblo tenga posibilidad alguna de expresión, opinión y decisión. En tercer lugar, los políticos profesionales intervienen contra los intereses de los trabajadores, que somos la inmensa mayoría, sin posibilidad ninguna de revocación de sus cargos, sin control alguno sobre sus actos. Y, por último, la policía y la judicatura, implican y condenan a nuestros legítimos representantes sindicales, sin tener posibilidad de que la primera sea parte del poder del pueblo, ni podamos elegir y revocar a los segundos.

Para agravar esta situación, se suceden los ataques a los servicios públicos. Practicada de una manera más o menos extrema por el PP y el PSOE, la estrategia neoliberal de los capitalistas responde a los siguientes motivos: 1) la oligarquía financiera ha concentrado ya una cantidad tan enorme de capital que puede adueñarse de las grandes empresas públicas; 2) el ansia de ganancias y la inexorable caída de la proporción de éstas con relación a la masa de capital invertido les obliga a codiciar las prestaciones sociales para convertirlas en plusvalía capitalista; 3) se lo permite la correlación de fuerzas de clase resultante de la derrota internacional sufrida por el proletariado a raíz de la contrarrevolución en la URSS y otros países socialistas, y también de la usurpación oportunista en una parte considerable del movimiento obrero y comunista mundial. Es el caso concreto de los máximos dirigentes de Izquierda Unida, UGT y CC.OO., que no se atreven a una lucha de clase consecuente contra la burguesía imperialista y su neoliberalismo –incluida una huelga general sostenida, por un giro social y democrático-, porque están comprometidos con ella a cambio de cómodas prebendas políticas y económicas. Y habría que añadir las permanentes agresiones a los derechos de las mujeres (que deben luchar codo con codo junto a los trabajadores), a los inmigrantes, los jóvenes…

El imperialismo, la fase monopolista y decadente del capitalismo, no obstante, se derrumba, se ahoga en sus contradicciones. Y, mientras los gobiernos del capital incrementan su desesperada acción por elevar sus beneficios a costa de aumentar la explotación, el hambre, la miseria, el terror y las agresiones a los pueblos (Irak, Afganistán, Sahara, Palestina, etc.), van cobrando energía las luchas de resistencia y los procesos revolucionarios (Venezuela, Nepal, Cuba…). Este periodo actual de repliegue internacional de la clase obrera y de las masas explotadas, que nos ha sumido en la desunión y el desánimo, empieza a cambiar de rumbo. La unidad de los pueblos es la base del éxito de su lucha. Por eso, la esencia del proletariado es su internacionalismo de clase.

La clase obrera, para desarrollar con éxito la lucha de clases consecuente contra la explotación capitalista, necesita de la más amplia unidad, para la cual tenemos que desprendernos de todo inútil nacionalismo, sectarismo e intereses estrechos de grupo, para poder desarrollar la unidad más amplia posible, esforzándonos por luchar unidos, apurando la posibilidad de realizar la unidad de acción con todos los sectores que con mayor o menor intensidad apuestan por el sindicalismo de clase. Esto es imprescindible para derrotar al sindicalismo entreguista, conciliador, anti-obrero y pro-capitalista que impulsan las cúpulas sindicales de UGT y CC.OO. Avanzar en la unidad de los trabajadores para poder responder a los planes del capitalismo y sus gobiernos. Debemos reactivar las luchas y las reivindicaciones, desarrollar la implicación consciente del proletariado, con grandes movilizaciones y asambleas que culminen, no en jornadas de paro, sino en una huelga general, combatiendo y superando el oportunismo, que frena las luchas obreras engañando y conduciendo al abandono y la conciliación, tanto como los comportamientos sectarios e “izquierdistas”, que impiden la unidad de los obreros, pues las posiciones radicales de carácter pequeño–burgués dividen la lucha de clase del proletariado, fragmentándola y debilitándola.a La clase debe ser una sola ante el capital. Así, pues, debe manifestarse como una sola. Aislarse de las masas obreras, aunque estén dirigidas por el oportunismo más reaccionario, es condenarlas a su abandono, es dividir y debilitar la lucha de la clase obrera, es renunciar a la derrota del oportunismo donde realmente está, que es entre las masas. Debemos trabajar por la recuperación del sindicalismo de clase, socio-político, combativo, asambleario y profundamente democrático, orientado al socialismo y que a nivel internacional se integre dentro de la FSM. Para ello hay que avanzar decididamente e impulsar sin miedo la más amplia unidad de acción sindical y política, sin ningún sectarismo, con generosidad hacia colectivos o sectores que se pueda considerar que han contribuido a propiciar esta situación del sindicalismo o que no están por dar el máximo ante esta batalla por recuperar el sindicalismo de clase. Desde todas las organizaciones sindicales alternativas y las corrientes de oposición y sectores combativos de los propios sindicatos mayoritarios tenemos que trabajar en la construcción de un Frente Sindical de Clase. Desde el sector crítico de CC.OO. con toda la dificultad que entraña) al sindicalismo de clase alternativo de la Coordinadora Sindical de Madrid, la Coordinadora Sindical de Andalucía, Co.Bas, la Corriente Sindical de Izquierdas asturiana, la CGT, plataformas sindicales diversas, etc.

En nuestro movimiento obrero actual, hay que marcarse como prioridades la organización del sindicalismo de clase; la unidad obrera; la participación de los trabajadores en la aprobación, proposición, control e inspección de las leyes laborales; la lucha contra el trabajo precario; la defensa de los servicios públicos; la igualdad de todos los trabajadores; y la creación de un nuevo Estatuto Obrero. Pero, además, para avanzar en la unidad combativa del proletariado por su emancipación, o incluso por mejorar o frenar el empeoramiento de su situación, no basta con la resistencia económica, sindical. Es necesario desarrollar la lucha de clase de los obreros también en el frente político e ideológico. A los trabajadores no nos quieren dejar ni tan siquiera el resquicio de la protesta. ¿Existe la soberanía popular, fundamento de la democracia? No nos acercamos mucho a ella si el poder no está en manos de pueblo. Democracia significa poder para el pueblo, soberanía popular. Unión Proletaria aboga por la unidad obrera y popular frente a la represión, el aumento de la explotación y para conseguir objetivos democráticos. Los trabajadores tienen que tener la decisión última sobre las cuestiones políticas, económicas y sociales. Los capitalistas y sus políticas neo-liberales son un freno para los intereses de los trabajadores; su sistema político es un freno para el fin de la represión y la explotación. El futuro de los trabajadores está en el socialismo. El imperio de la burguesía toca su fin: se ha vuelto una locura y un horror incompatibles con el progreso humano alcanzado. Los trabajadores producimos y administramos toda la riqueza social, sin que sea necesario seguir alimentando al parásito capitalista. Sólo tenemos que tomar la dirección de la sociedad en nuestras manos y organizar racionalmente sus relaciones internas y su vínculo con la naturaleza.

Pero no estamos lo suficientemente organizados nosotros mismos como para saber hacerlo. Nos sentimos defraudados por aquellos dirigentes en quienes habíamos depositado nuestra confianza y decepcionados por nuestra propia inmadurez. Desorientados, nos refugiamos en la competencia individual, que es nuestra perdición. Sólo nuestra unidad nos dará la fuerza para no retroceder más y para salvarnos de la catástrofe. Unidad, ¿sobre qué base?, ¿con qué dirección? Si reunimos el valor suficiente para mirar atrás y evaluar la experiencia de nuestra clase social, constataremos que hubo un período de avances y otro de retrocesos, un período de flujo y otro de reflujo del movimiento obrero. En definitiva, hubo una política que ayudó a liberarnos –el comunismo revolucionario o marxismo-leninismo o bolchevismo- y otra política que nos volvió a encadenar al capital. Claro que esta otra política es la que hoy preconizan “todos”, esto es, los ricos y su enjambre de lacayos que nos aseguran que nuestra revolución fue un fracaso o, peor, un crimen por atrevernos a responder a la violencia de los explotadores. Sólo nos queda responderles que, para su desgracia, combatiremos sus infinitas mentiras contrarrevolucionarias y retomaremos la política bolchevique. Luchamos por poner fin a tanto sufrimiento mediante la Revolución Socialista Proletaria: Socialista, porque la sociedad actual ya descansa sobre el trabajo directamente social de cientos de millones y necesita que la apropiación de sus frutos también sea social; Proletaria, porque sólo nuestra clase es, además de desposeída, el producto genuino de este proceso histórico de socialización y reúne en sí todas sus potencias (manejo de las fuerzas productivas más modernas y decisivas, organización y disciplina, colectivismo, concentración de masas…). Debemos propiciar la lucha de las masas en todas las cuestiones económicas, políticas e ideológicas candentes, defendiendo siempre la revolución socialista como meta social inmediata. A través de la mayor unidad de acción posible en cada lucha de clases concreta, la emancipación social exige que hoy luchemos por la unidad programática y práctica del proletariado, con el objetivo principal de reconstituir su organización revolucionaria: el Partido Comunista.

1º de Mayo de 2007

¡Viva el Primero de Mayo y la lucha revolucionaria de la clase obrera!

¡Viva el Internacionalismo Proletario!

¡Por la unidad sindical de clase!

¡Unidad obrera y popular frente a la reacción y la represión!

¡Por la República democrática y el socialismo!

¡Por la Reconstitución del Partido Comunista!


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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