Editorial EM 12

La tarea central

Noviembre 2009

Domingo 27 de diciembre de 2009


La profunda crisis económica que experimenta el capitalismo va extendiendo su devastación por todo el pueblo, empezando por la clase obrera. En España, la cifra oficial de desempleados no tardará en alcanzar los cuatro millones, y los que conservan su empleo ven alargarse sus jornadas laborales y acortarse sus salarios y sus derechos. A escala mundial, se prevé la pérdida de unos 50 millones de puestos de trabajo y la precarización de otros 200 millones; la cifra de personas hambrientas supera los mil millones (1 de cada 6 habitantes del planeta) y, de ellas, mueren 35 millones al año. Mientras, los grandes capitalistas siguen registrando beneficios, menores que antes, pero en una cuantía sobradamente compensada por las generosas ayudas de los Estados, tanto en dinero (planes de rescate, Plan E, etc.) como en permisividad a la hora de acrecentar la explotación de los trabajadores.

Los trabajadores estamos pagando la crisis del capitalismo, acentuada por el afán de lucro de los capitalistas. ¿Estamos saliendo ya de esta crisis? Veremos si se recuperan la producción y las ganancias empresariales o si sólo se amortigua su caída, pero las condiciones de vida de la mayoría no van a mejorar: la crisis es aprovechada para concentrar el capital, reducir el empleo y abaratar el trabajo; además, después de toda crisis, no viene inmediatamente una recuperación sino un estancamiento más o menos largo; por último, toda salida burguesa a las crisis económicas –como advirtieron ya Marx y Engels en El Manifiesto Comunista- no hace sino preparar “crisis más extensas y más violentas disminuyendo los medios de prevenirlas”. Los gobiernos imperialistas que lideran el G-20 se limitan a sostener el tinglado y a condenar moralmente las prácticas depredadoras del neoliberalismo, ocultando que éstas son condición de vida del capitalismo sobre todo en la fase alcista de su ciclo económico. Aquí, parece que el ejecutivo de Zapatero se dedica a poner una vela a Dios y otra al diablo. Su proyecto de presupuestos públicos para 2010 habla de priorizar el gasto social pero no hace más que paliar la pobreza extrema que se cierne sobre millones de parados, mientras sube los impuestos indirectos que perjudican más a la mayoría de la población y renuncia a una imposición efectiva sobre las grandes fortunas. Frente a esta política, sólo se oyen las tímidas quejas de la izquierda reformista (incluida la dirección actual del movimiento obrero) contra la falta de equidad tributaria y, sobre todo, la alternativa de la derecha reaccionaria a la que todos ellos abren camino: sacar al capitalismo de la crisis exige salvar al capital y no a la mayoría laboriosa; así que, menos impuestos, menos derechos para los trabajadores, más libertad de negocios, etc.

La verdadera naturaleza de la crisis y de su solución

La actual crisis ha estallado en los mercados financieros y ha alcanzado de lleno a la producción. No aparece directamente como una crisis de superproducción, sino como una crisis financiera o crediticia, pero la financiarización de la economía capitalista mundial ahora en crisis ha sido el paliativo aplicado a la crisis de superproducción que ocurrió en los años 70. Ésta no pudo resolverse mediante una destrucción suficiente de las fuerzas productivas y, ahora o a la vuelta de unos pocos años, el capitalismo tendrá que destruir una masa de fuerzas productivas –mercancías, medios de producción, empleos, pequeños y medianos capitales (en este caso, destruir es también centralizar) y población (guerras)- incomparablemente mayor a la destruida en el período 1973-2006 o incluso mayor que en cualquier otro período de la historia del capitalismo.

La reserva fundamental con que cuenta el capitalismo para maniobrar es el retroceso político del movimiento obrero. El capitalismo puede recuperar buena parte de las concesiones hechas a la clase obrera y a las naciones oprimidas encontrando una resistencia debilitada por parte de éstas. Entre las dificultades con que tropiezan los imperialistas está la competencia entre ellos (el fantasma del proteccionismo que dicen los medios burgueses), espoleada por la falta de negocios rentables. También está el hecho de que no les basta con explotar más a los trabajadores sino que es necesario también realizar esa plusvalía adicional en el mercado. Aquí tropiezan con el colapso de los mercados: el de bienes de consumo empeorará por el recorte de la renta de las masas, y el de medios de producción y bienes de lujo está condicionado por la falta de retorno de los créditos y la falta de concesión de nuevos créditos, a su vez por falta de solvencia de los prestatarios. Por eso, utilizan a los medios económicos de los Estados –que ya empezamos a pagar los trabajadores- para asegurarse materias primas baratas y la hegemonía mundial (ocupaciones de Irak y Afganistán, golpe militar en Honduras, etc.), así como para reestructurar la economía y redistribuir a su favor las rentas, con tal de recuperar la tasa de ganancia del capital. ¿Será esto suficiente? En cualquier caso, todas estas agresiones impulsarán necesariamente el proceso inverso de recuperación política del movimiento obrero y popular.

Históricamente, el imperialismo fue capaz de invertir la tendencia en la correlación de fuerzas con el proletariado socialista a partir de mediados del siglo XX, debido fundamentalmente a que los monopolios fusionados con el Estado burgués tuvieron mayor capacidad que el capitalismo de “libre competencia” para manejar las fuerzas productivas altamente sociales, una vez las “reajustó” la II Guerra Mundial. Pero éstas han seguido creciendo hasta colisionar con las relaciones de producción del capitalismo monopolista de Estado, exigiendo, en definitiva, la revolución socialista.

Ciertamente, el imperialismo, además de ganarse económicamente a una capa superior de la clase obrera, ha dado un salto inmenso en la capacidad de su aparato hegemónico-ideológico. Esto ha aumentado considerablemente su fuerza de diversión para que la conciencia de las masas proletarias no se desarrolle desde la crítica inmediata y particular de los fenómenos del capitalismo hasta el socialismo. Hacer frente con éxito a esta realidad desfavorable exige condiciones objetivas (un empeoramiento brusco de las condiciones de vida de las masas y/o una desestabilización política), que ya se están dando, y un crecimiento de la fuerza del proletariado militante mediante su unificación ideológica, política y organizativa. Y este requisito todavía no se cumple debido a la influencia de la ideología burguesa en las filas de la vanguardia proletaria, la cual potencia las tendencias pequeñoburguesas centrífugas.

El balance de fuerzas sigue siendo muy desfavorable a la clase obrera y a las masas populares, pero el golpe que ha propinado la crisis a la agresividad exterior del imperialismo (la guerra de Bush contra el terrorismo) y la constatación del desastre social producido por la contrarrevolución en los países que fueron socialistas favorecen nuestro movimiento. La táctica actual de los comunistas debe basarse en la tendencia que hoy prevalece y que nos favorece, sin dejar de estar en alerta y precavidos ante posibles virajes bruscos en la política de la burguesía, preparados en los últimos años mediante una creciente fascistización de la sociedad (por ejemplo, mediante la Ley de Partidos, recientemente avalada por la justicia de la Unión Europea). No estamos en vísperas de la revolución socialista, pero sí tenemos unas condiciones sociales más favorables que las de los años pasados.

En España, fruto del fascismo franquista, del revisionismo carrillista y de la ayuda del imperialismo norteamericano y europeo, la gran burguesía española goza de una correlación de fuerzas especialmente favorable frente a nuestra clase. La socialdemocracia ha vuelto a cumplir su papel de recuperadora de la estabilidad política capitalista porque a las organizaciones obreras y democráticas más avanzadas les ha faltado iniciativa política revolucionaria y les ha sobrado sectarismo. Así, mientras las recientes elecciones en Alemania y Portugal ponen de manifiesto un fortalecimiento de la izquierda más radical (pequeñoburguesa, pero también proletaria en el caso del P.C. Portugués), ésta prosigue su deterioro en el Estado español, al igual que en Italia y, en menor medida, en Francia, es decir, allí donde el revisionismo causó más destrozos ideológicos y organizativos al Partido Comunista.

A pesar de la positiva propuesta de la Plataforma de Ciudadanos por la República de formar candidaturas unitarias de cara a las próximas elecciones municipales, el movimiento obrero y el movimiento popular democrático lo tendrán muy difícil mientras no avance la reunificación de los comunistas y la reconstitución del Partido Comunista en España sobre la base de los principios generales del marxismo-leninismo. Engels observaba, con amargura, que “… los hombres y las mujeres somos desgraciadamente tan estúpidos que nunca podemos tener valor para realizar un progreso real a menos que nos impulsen a hacerlo sufrimientos que parecen casi desproporcionados.” (Carta a Danielsón, 24 de febrero de 1893) ¿Vamos a ser así también los comunistas españoles? Al contrario, sabremos cumplir nuestro papel de vanguardia de la clase obrera. Ésta la convicción de Unión Proletaria. Los comunistas que comprendan la necesidad de que prevalezca la bandera de la unidad comunista para la pronta reconstitución bolchevique del Partido Comunista tienen en las filas de nuestra organización su puesto de combate.


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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