Editorial EM 9

¿A qué esperamos para la unidad?

Miércoles 10 de diciembre de 2008


La aparición en escena de la actual crisis económica ha cambiado bastante el panorama para millones de trabajadores y trabajadoras de España. Los ataques a las condiciones de vida de la clase trabajadora no son nada novedosos, sino que han sido una constante desde bastante tiempo atrás: no olvidemos, por ejemplo, que antes de la crisis el 58% de las personas asalariadas cobraban menos de 1.100 euros al mes, que las familias dedicaban más del 46% de su renta mensual al pago de las hipotecas o que ya el año pasado se batió el récord histórico al descender el porcentaje del PIB español dedicado a salarios al 46,6%. Sin embargo, tampoco se puede obviar que las cifras del paro no eran tan alarmantes como ahora, y que la posibilidad de endeudamiento permitía un “aquí y ahora” más llevable para las familias a cambio de hipotecar su futuro (nunca mejor dicho).

La situación económica actual es más que complicada, y como siempre, la patronal y los gobiernos articulan el conjunto de medidas necesarias para que nuestra clase social pague los platos rotos. Son especialmente conocidas las medidas que se están adoptando para reflotar el sistema bancario con fondos públicos, que además tendrán efectos a largo plazo, ya que los Estados están emitiendo deuda pública para contar con la liquidez necesaria para estos “rescates”, que, tarde o temprano, tendrá que ser pagada con el dinero de todos y todas mediante un aumento de la recaudación impositiva. Igualmente importantes están siendo las medidas que se adoptan desde la UE, encaminadas a que la clase obrera inmigrante pague los platos rotos de la crisis, y a aumentar la jornada laboral para el conjunto de la clase. Los presupuestos militares en la mayoría de los países imperialistas (y en muchos dependientes) se disparan, tanto como mecanismo para reconducir capitales estancados en otras áreas económicas, como para reforzar la posición en el plano internacional de cada burguesía nacional, con una escalada bélica por el reparto del botín entre los distintos bloques y potencias. Así, el aumento del paro y la morosidad, los EREs que surgen en multitud de empresas, las graves dificultades para acceder a la vivienda, etc., generan una grave situación para la clase obrera internacional, y, en concreto, para los trabajadores y trabajadoras de España, que pone de actualidad esta frase extraída de los documentos del 2º Congreso de la Internacional Comunista: “[la revolución proletaria] es muy posible, dado que la situación política y económica es extraordinariamente rica en materias inflamables y en causas susceptibles de provocar su incendio inopinado”. Sin embargo, la vanguardia de la clase obrera en nuestro país no está aún preparada para articular el descontento popular hacia un cambio radical en la sociedad. Aún sufrimos los efectos de la debacle del movimiento revolucionario en nuestro país, que nos deja un PCE hundido por el revisionismo, que vive horas más que bajas actualmente, junto con una multitud de pequeños grupos y partidos, entre los que se incluye UP, con posiciones más cercanas al marxismo-leninismo, pero que no son capaces de unirse y constituirse en una alternativa seria que plante cara al capital: en definitiva, en España no existe un auténtico Partido Comunista, entendido como la fusión del movimiento obrero con la teoría revolucionaria, capaz de articular y dar unidad a las luchas dispersas, de trazar una línea estratégica firme para la revolución proletaria en nuestro país, de acertar con las tácticas más adecuadas en cada momento y ser capaz de llevarlas a cabo para ganarse a la mayoría de nuestra clase social. El revisionismo moderno destruyó el PCE como organización de vanguardia del proletariado en España, a pesar de los esfuerzos que aún protagonizan en su seno grupos marxistas-leninistas por recuperar la esencia de lo que fue en su día. El error fundamental en que se incurrió en el proceso de liquidación del PCE fue su sustitución paulatina del partido de vanguardia por el movimiento sociopolítico. Primero el carrillismo renegó del leninismo, sentando las bases de la liquidación, para luego suplantar el partido de vanguardia por IU como movimiento social de izquierda. Muchos de los intentos que se vienen llevando a cabo en los últimos tiempos por reflotar la izquierda en este país adolecen del mismo error: terminan impulsando movimientos sociales amplios en lo ideológico y reducidos en número de militantes y simpatizantes, que intentan ser lo mismo que IU pero “en honrado”, sin plantearse que el problema no es el movimiento sociopolítico, el problema es que no hay Partido que dirija ese movimiento, es que el movimiento ha sustituido al Partido y que sin este último no es posible convertirlo en revolucionario.

De esta forma, creemos firmemente en la necesidad perentoria de recuperar el Partido de vanguardia para convertir en revolucionario el movimiento de la clase obrera. En esta línea, los mencionados documentos del 2º congreso de la Komintern nos señalan claramente cuál debe ser el objetivo principal y más urgente para el conjunto de los partidos y grupos comunistas en España: “[...] la tarea fundamental del Partido comunista [...] es el agrupamiento de todas las fuerzas dispersas, la formación en cada país de un Partido comunista único (o el fortalecimiento y la renovación de los partidos ya existentes) a fin de activar el trabajo de preparación del proletariado para la conquista del poder bajo la forma de dictadura del proletariado”. El renegar de este objetivo básico, el encastillarse en posturas dogmáticas, en cerrazones viscerales, el apostar por autonombrarse “Partido Comunista” y sentarse a esperar a que el resto de comunistas lo perciban y vengan corriendo a unirse, en lugar de apostar por la superación de la dispersión actual de manera abierta y flexible es una falta de difícil justificación, y supone objetivamente un ataque directo a los intereses de nuestra clase social.

Ahora bien, las condiciones objetivas de nuestra clase nos exigen avanzar en la unidad, pero no se trata de llegar a una unidad a cualquier precio, una unidad sin principios que sea necesariamente débil y efímera: “[...] la preparación de la dictadura del proletariado exige no solamente el fortalecimiento de la lucha contra la tendencia de los reformistas y de los “centristas”, sino también la modificación del carácter de esta lucha. Ésta no puede limitarse a la demostración del carácter erróneo de esas tendencias sino que debe también desenmascarar incansable y despiadadamente a todo militante del movimiento obrero que manifieste esas tendencias.”. Aquí tenemos la segunda pata del proceso: no nos basta con la unidad, necesitamos la lucha. Para que el proceso de unidad sea real, necesitamos articular los mecanismos para la lucha de líneas en el seno de la vanguardia, de forma que se dilucide una verdadera línea proletaria a la luz del marxismo-leninismo. Desde UP no nos consideramos en posesión de la verdad absoluta. Estamos plenamente dispuestos al debate, a la lucha de líneas sin dogmatismos ni cerrazones, partiendo de la base de que nuestros planteamientos pueden contener errores y estando dispuestos a rectificar (como ya hemos hecho en el pasado) en caso de que los principios del marxismo-leninismo y la realidad de la lucha de clases demuestren que nos equivocamos.

Por lo tanto, la reconstitución bolchevique del Partido Comunista, basada en la unidad de las personas comunistas y en la lucha de líneas en el seno de la vanguardia, no es sólo más necesaria que nunca, sino que es plenamente posible, y creemos que debe suponer la principal preocupación de los distintos partidos y destacamentos de vanguardia.

Por todo ello, creemos imprescindible el que se refuercen los encuentros bilaterales y multilaterales entre las distintas organizaciones comunistas para debatir la línea a seguir por el movimiento revolucionario, acudiendo sin sectarismos ni tabúes, sin miedo a la confrontación desde el respeto y la camaradería, tal y como se va a producir en breve entre el PCE (m-l) y UP. En este mismo sentido creemos vital el mantener y reforzar los Encuentros Estatales de organizaciones Marxistas Leninistas, ampliando el número de organizaciones participantes, y aumentando los acuerdos que se deriven de los mismos, para que no se conviertan en “brindis al sol” sin repercusión en la realidad. Por otra parte, creemos que allá donde se encuentren militantes de distintas organizaciones comunistas, éstos y éstas deben hacer un esfuerzo por reforzar el trabajo común en los distintos frentes de lucha, coordinando los esfuerzos y propiciando un clima de camaradería que no obvie lo evidente: si queremos realmente transformar la realidad, el día de mañana todos y todas tendremos que confluir en un mismo partido revolucionario, por lo que es absurdo primar los intereses propios en perjuicio del conjunto del movimiento. Esta unidad de acción debe ser “decretada” con carácter de urgencia por las direcciones de las distintas organizaciones, y ser aplicada en las organizaciones de base a la mayor brevedad, tal y como ya se aplica en diversos puntos de nuestra geografía donde coinciden militantes del PCE-ml y de UP.

La reconstitución bolchevique del Partido Comunista está en nuestra mano, como paso imprescindible hacia la revolución socialista, ¿a qué esperamos para la unidad?


Apartado de correos 51498. 28080, Madrid.

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